Un tranquilo día de barco

Todos los años suelo estar en Miami el Día de Acción de Gracias, una fecha muy señalada para los americanos, el equivalente para nosotros de la Noche Buena.

13.01.2011 | 12:22

Este año han pasado conmigo unos días mis compañeros de trabajo y más que amigos, Javier Millán y Tomás Cordero. Hoy os contaré una de esas anécdotas en las que lo pasas mal y te preocupas mientras están sucediendo, pero que luego recuerdas con cariño.

Una mañana suena el teléfono y es nuestro amigo Félix que nos invita a navegar. Perfecto. Quedamos en mi casa y nos fuimos todos juntos a la marina donde estaba todo preparado: el barco en el agua y los refrescos en la nevera, incluso hacía un día espléndido aunque amenazaba tormenta en la lejanía.

Salimos del embarcadero a las doce y media de la mañana y, cuando nos quisimos dar cuenta vimos que la tormenta se nos venía encima. Rápidamente pusimos rumbo contrario al negro horizonte, buscando el sol y procurando no coincidir con ella. Salimos bien y el sol apretaba de lo lindo, con lo cual, todo iba de maravilla. Al llegar a South Beach, la tormenta se nos acercó mucho más y, entonces, Félix preguntó -¿Aventura o paramos a comer aquí mismo hasta que pase la tormenta?-. Javier se animó y respondió aventura, así que pusimos rumbo hacia Key Biscaine (una navegada un tanto larga, pero bonita). Cuando llegamos allí, teníamos la tormenta encima de nosotros y Félix, conocedor de la zona, nos llevó a una bahía con embarcadero y un restaurante en el que podríamos comer. Por cierto, comimos de maravilla (un apunte, el restaurante estaba en lo alto de la playa y había una rampa para silla de ruedas. ¡Sobresaliente!)

Una vez saciada nuestra hambre y pasada también la tormenta, pusimos rumbo a la marina dando la vuelta a Key Biscaine. Yo estaba sentado en la parte trasera del barco, como un maharajá, disfrutando del mar y charlando con mis buenos amigos. Félix capitaneaba la embarcación y empezó a darle gas. Íbamos de maravilla y, en un momento, el barco se detuvo instantáneamente. Casi sin darme cuenta dirección a la proa, literalmente salí despedido como un cohete. Menudo golpe me di. Sentado en el suelo de la embarcación pensaba en todo lo que podría haber pasado. ¡Qué susto!

El hecho es que nuestro barco se había quedado clavado en un banco de arena con la hélice enterrada. Así, no se movía hacia ningún lado. Félix intentó subir la cola del motor para liberar la embarcación, pero no funcionaba el sistema eléctrico. Pensamos en el fusible, ¿estaría fundido? El problema era que no teníamos de repuesto. Estábamos dispuestos a hacer un apaño al estilo McGiver, pero no hizo falta porque no era esta pieza la que fallaba. Sin pensárselo dos veces, Tomás se lanzó al agua, indiferente a los peligros que pudieran acecharle como las mantas raya, tiburones, corales de fuego, etc. y empezó a mover el barco desde la popa. No había manera. Afortunadamente, un barco pasó cerca y nos pusimos a gritar -¡ayuda! ¡help!-. Y entonces... ¡pasó de nosotros como de comer habichuelas!

No había muchas salidas, así que Félix llamó a salvamento para que vinieran a sacarnos. Mientras esperábamos, aún seguíamos empujando, aunque sin resultados. El caso es que tardaban mucho en venir. Empezó a caer la noche y, en un momento que subió un poco la marea, Javier exclamó: -Ya he sacado el barco-. ¿En serio? Rápidamente alejaron el barco de la arena y cancelamos la petición de S.O.S. Lo pusimos en marcha y, en pocos minutos, estábamos camino de casa con la noche ya entrada. Eso sí, muy despacio porque la hélice estaba algo dañada. La vuelta se estaba haciendo eterna, pero gracias al anochecer de Miami, con la luminosidad de sus edificios, se nos hizo más llevadero. Entrando en la bahía de Miami, comprobamos que la hélice estaba bien. Así que Félix dio gas a tope hasta la marina.

Hubo un momento en que pensé que nos quedábamos a dormir en aquel barco en medio del mar y con la humedad del ambiente ¡nos habríamos quedado helados como polos! Ahora, me entra la risa por la situación que vivimos.

Aprovecho estas últimas líneas para desearos lo mejor para el 2011 y no porque sean estas fechas, sino porque estando lejos valoras más lo que tienes.

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