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La otra ganadería de Jesulín de Ubrique

13 de Septiembre de 2010 | Quadandjet

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Siguiendo nuestro empeño de conocer en qué actividades se usan los vehículos ATV y UTV, llamamos a El Paloma, concesionario Yamaha de Morón de la Frontera en Sevilla, para que nos facilitara una cita con unos de sus mejores clientes: Jesús Janeiro. Dicho y hecho, así que raudos y veloces, acompañados de Marc García de Yamaha ATV, nos desplazamos a la localidad de Prado del Rey en Cádiz, para pasar una jornada con el célebre y singular torero, conocido como Jesulín de Ubrique, usuario reconocido y convencido de este tipo de vehículos tanto en su uso profesional como de ocio.
Para conocimiento general, Jesús debutó con picadores en el año 89 en la histórica y coqueta plaza de Toros de Ronda, con un toro llamado Ambiciones al que cortó dos orejas, y posteriormente, cuando pudo comprarse una finca, la llamó como el toro de aquella inolvidable tarde. Durante tres años fue primero en el escalafón, toreando 153 corridas en el año 94, 161 en el 95 y 121 en el 96.  Jesús, además de torero en activo, es ganadero de reses bravas. Su ganadería lleva su propio nombre, Jesús Janeiro Bazán, y para su cuidado dispone de una manada con muchos caballos, distinguida por llevar marcado en su frontal tres diapasones: reses de la familia Grizzly y Rhino de Yamaha, que le ofrecen buenas prestaciones y mucha versatilidad en cualquiera de los trabajos que les encomienda.

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Nada más llegar a la puerta de su finca “Ambiciones”, de más de 300 hectáreas, que el torero posee en el término municipal de El Bosque –enclavada en la sierra de Grazalema-, nos quedamos asombrados de lo escarpada que es. Debe ser difícil trabajar en esa tierra tan agreste, comentamos. El Paloma es quien se encarga de presentarnos a Jesús que llegaba de realizar su entrenamiento diario. Con la gracia que le caracteriza, nos invita a subir hasta el corazón de su casa, un inmenso patio decorado por un monumental toro bravo realizado en bronce. Simplemente, precioso. Después pasamos al salón y tomamos un refrigerio para comenzar una jornada en la que no paramos de vivir experiencias alucinantes. Jesús nos explica por qué se decidió a utilizar ATV y UTV en el mantenimiento de su finca y en el cuidado de las reses. Unos vehículos, a los que familiarmente, el opta por llamar “motos”. “Siempre es más seguro un ATV que un caballo. Cuando un toro queda cortado y viene hacia ti, la reacción del caballo es impredecible y si se asusta hasta te puede poner en un aprieto. Sin embargo, con el ATV, tú sabes que si aprietas el acelerador sales ‘escopetado’. Yo incluso hasta me doy el lujo de torerar con el Grizzly, tendrías que verme en la plaza que tengo”. Empieza a reírse de manera jovial, acordándose de las faenas realizadas en el tentadero de Ambiciones.

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“En esta finca se utilizan ATV todos los días, tanto es así que en poco tiempo hemos cambiado ya dos juegos de ruedas. Aquí todo el mundo sabe manejarlos, incluido Antonio, mi mayoral”. Este asiente orgulloso y nos confirma que constantemente está encima de un Grizzly recorriendo la finca y cuidando el estado de las reses. “Yo también cojo el Rhino siempre que vengo a la finca”, añade el torero. “Con él me doy una vuelta para ver el estado en el que se encuentra todo y, de paso, hago que corran un poco los toros bravos para que no se vuelvan muy sedentarios y tomen fondo. Muchas veces los utilizamos para trabajos propios del campo. Por ejemplo, enganchamos el remolque que tenemos y nos vamos hasta el monte para retirar algún árbol caído o para reponer la comida de los comederos o para multitud de tareas que nos surgen a diario. Ten en cuenta que en un terreno tan abrupto e inclinado como este que además ocupa más de 300 hectáreas, no te vale cualquier vehículo. Sin embargo, con el Rhino pasa por todos los lados y este invierno lo hemos comprobado después de los días de lluvia que sufrimos y en los que el suelo no estaba para utilizar ningún vehículo. Pero mis ATV son de lo que no hay, despacito van por cualquier lado por muy inclinado que esté el terreno, eso sí, con cuidado, cambiando los pesos para no volcar. Incluso nos verás utilizarlas para marcar las reses, ponerles el crotal (chapa obligatoria de distinción de cada ganadería) a las vacas y las señales en las orejas de los toros bravos; que, por cierto, en el caso de la ganadería de Jesús es una horquilla (2 cortes oblicuos en la parte distal de la oreja con perdida de punta y abertura triangular) en la derecha y una muesca (corte curvo con pérdida de sustancia en cualquier parte del borde de la oreja) en la izquierda. Los ATV nos facilitan la separación de la manada y el acercamiento a estas para realizar el trabajo”.

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Entre risas y bromas, vamos conociendo los distintos usos de los dos Grizzly y los tres Rhinos que Jesulín tiene en su finca. “Cuando me quiero relajar, cojo el ATV y me voy a lo alto de aquel pico”. Nos comenta tranquilamente. ¿Dónde? “Sí quillo, allí arriba. Tomo un camino que sube a lo más alto y me quedo un rato contemplando el paisaje, pero son las menos ya que el día a día me tiene muy atareado con mi entrenamiento físico,  las prácticas con la carretilla, las corridas de toros, etc.” Visto su desparpajo para contarnos todo lo que es capaz de hacer con sus ATV, le pedimos que nos muestre su habilidad con el Rhino, que nos lleve a ver los toros al campo, en su hábitat natural. “Pues venga, subiros al ATV que nos vamos”. Nosotros muy decididos nos disponemos a repartirnos entre los tres vehículos que tiene aparcados en el patio: Dos Rhino y un Grizzly. “No, subir todos conmigo que los toros se pueden alterar”.

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Por el camino, yo pensaba, cinco “tipos” en Rhino, esto no puede salir bien. Bueno, ya que estamos en faena, pues adelante, además nosotros nos quedaríamos tras la barrera mientras Jesulín hacía su faenas. Pero qué equivocado estaba. Analicemos la situación: Jesús de piloto, Alberto (el fotógrafo) de copiloto repitiendo “a mí esto me da mucho respeto” y, en la caja, de pie, El Paloma, Marc y un servidor. Abrimos y cerramos dos cancelas para entrar en un recinto acotado con siete morlacos a cual más grande. Nada más entrar, Jesulín azuza a los toros para que corran delante del ATV. Todo parece ir bien hasta que entra en escena un perro pastor alemán que acompaña al torero a todas partes, ladra a los toros y corre detrás de ellos como un loco. “Jesús, ¿lo del perro no es un poco peligroso?”, me atrevo a preguntarle. “Bueno, puede hacer que alguno se vuelva y entonces sí sería peligroso”. ¿Para qué preguntaría? Empecé a sentir un poco de miedo, me agarré lo más fuerte que pude a la barra del Rhino y sólo se me ocurrió preguntar: “Jesús, y si el toro viene hacia nosotros ¿qué hacemos?”. “Yo correr”, me respondió. Vaya, estaba “sembrado” con mis preguntas. Yo, por si acaso, empecé a buscar las posibles vías de escape por si alguno de los morlacos se decidía a hacernos frente. Vi un árbol, pero era de difícil acceso y, además, el suelo no estaba como para salir corriendo. Había unas chapas que separaban un  recinto cerrado, pero no me daban mucha sensación de seguridad. No me quedaba otro remedio, apreté las manos a la barra y seguí en mi puesto mientras hacíamos correr a los toros. Hasta que… uno de ellos se dio la vuelta y se nos quedó mirando fijamente. Jesús frenó el Rhino y todos nos quedamos quietos, con el corazón a mil, mudos,…hasta que sale corriendo y decide unirse a la manada. ¡uff! Pasó la situación de peligro.

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El torero se ríe y nos cuenta que hace tres días, un toro embistió un Rhino y dio tres vueltas de campana sin sufrir apenas más daño que un espejo retrovisor roto. Mi mente no paraba de dar vueltas buscando una salida y casi no podía escuchar a Jesulín que estaba contando películas a cual más divertida, siempre y cuando no seas tú el que está en el ajo, claro. “Ayer uno empitonó al Rhino por detrás y lo levantó en volandas mientras yo, con el gas a tope, esperaba a que lo terminara bajando. Por suerte, las ruedas lanzaron una piedra al morlaco, se despistó, y pude salir como un cohete”. Alberto le pide bajarse para hacer unas fotos desde la barrera (las chapas poco seguras que he comentado antes) y, tras la enésima vuelta, paramos para que se bajen él y Marc. Los siete toros se quedan en línea, mirándonos desafiantes. Diez centímetros más de músculo por cada lado y unas astas descomunales, no ha sido buena idea. Allí parados y completamente en silencio, suena mi teléfono. “Quillo, apaga eso que se vienen”. Tardé cero coma en hacerlo callar. La verdad es que un toro mirándote fijamente es intimidatorio, pero siete son palabras mayores. “Estamos en una situación peligrosa ya que se pueden arrancar en cualquier momento”, sentencia Jesús. Si lo dice él que ya les conoce… Nuestros compañeros terminan de hacer las fotos y, con más miedo que vergüenza, avanzan despacito hacia el vehículo para subirse. Yo grito como un loco: “Jesús, ¡vámonos! Ya tenemos suficiente”. Arrancamos y todavía seguimos dando más vueltas. “Hay que hacer que corran porque están un poco pasados de kilos”, escuché. Sólo vi la luz cuando se acercó a la puerta de la verja y le dijo a El Paloma que la abriese. No podía creerlo, ¡habíamos superado la prueba! Me bajé del Rhino y me temblaba hasta el carné de identidad. No sentía las piernas y las manos las tenía rígidas con la forma de la barra del ATV. Tardé un rato en recuperarme, mientras Jesús nos demostraba sus habilidades con el vehículo como si no hubiera pasado nada. Subía y bajaba por sitios increíbles, con una facilidad pasmosa.

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“La finca tiene zonas de mucha inclinación y los ATV son lo mejor para moverse por todos los lados”. Jesús tiene claro que existe un antes y desde que las reses de la ganadería del diapasón hiciesen su entrada en Ambiciones, presume de haber recomendado su uso a otros toreros como Manuel Díaz “El Cordobés”, Morante de la Puebla o Juan José Padilla. Todos ellos ya los tienen y los disfrutan en sus fincas. Las reses mecánicas entran cada vez con más fuerza en las fincas y cortijos para facilitar las tareas diarias, ¿por algo será, no?

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