Oceano Dune: disfruta de las dunas en California

18.12.2014 | 21:21
Oceano Dune: disfruta de las dunas en California
Oceano Dune: disfruta de las dunas en California

Cruzar el charco, atravesar todos los estados hasta llegar a San Diego en la soleada California y poder disfrutar de varios de los parques estatales reservados a los amantes del off road es una experiencia que no todos podemos disfrutar... ¿O sí?

Estamos pasando los primeros días en San Diego y todavía no tenemos plan para el fin de semana, pero eso cambiará pronto. De repente suena el teléfono y es Mike, un buen amigo de la revista que vive en el condado de Orange. "Hey, José, vamos con unos amigos a montar en las dunas ¿te apetece venir con nosotros? No hay mucho que pensar, la verdad. Me apunto de inmediato al plan, sea el que sea, ya que no me han dicho ni dónde vamos a ir, ni cuáles son los vehículos que vamos a utilizar. "OK, Mike, iré con vosotros el fin de semana". Se agradece que cuenten con uno, la verdad.

Una vez pisas el suelo de Estados Unidos notas de inmediato que tienen una cultura, una forma de hacer las cosas, del todo diferente a la nuestra, y más aún en California. Me sorprende, eso sí, comprobar el parecido que existe entre el paisaje californiano y nuestra querida España en todo el litoral atlántico. No es de extrañar que nuestros ancestros al llegar aquí se encontraran como en casa.

Resulta curioso comprobar que la mayoría de las poblaciones, montañas, ríos y demás accidentes geográficos conservan su nombre en castellano, pero más aún ver en persona cómo las antiguas misiones de los jesuitas que acompañaban a los exploradores en su viaje por el nuevo mundo se han convertido hoy en urbes superpobladas distribuidas a lo largo de la costa. Empezando desde la actual frontera mexicana nos encontramos con San Diego, Los Ángeles, Santa Barbara o San Francisco, por poner algunos ejemplos.

Nos llamó la atención el hecho de que todos estos nombres resultan prácticamente impronunciables en un correcto inglés y es inevitable sonreír cada vez que alguien te comenta que ha estado en 'Saindiegou' o ´Saintabairbra'. Sin embargo en cuanto conduces unas pocas millas hacia el interior nos vamos encontrando con un paisaje cada vez más desolado y desértico y sin apenas montañas.

A madrugar

Precisamente en una de esas extensas planicies que se dirigen hacia Arizona se encuentra El Centro. Se puede decir que es un pueblo grande a pesar de la enorme extensión que ocupa. Pero no adelantemos acontecimientos, todo a su tiempo.

Antes, Mike y sus colegas me habían recogido en San Diego. Quedamos muy pronto por la mañana, a eso de las cinco y media, para aprovechar bien el día. Como es habitual en estas tierras un par de enormes pick up me esperaban en la puerta del Motel donde me encontraba alojado. Al volante de una gran GMC roja burdeos se encontraba un siempre sonriente Mike con otros dos amigos, y justo tras ellos una enorme y realmente nueva Toyota Tundra 5.9 y 380 CV. Trasteando en su caja trasera estaban Bill, Doug y Glen, que discutían sobre la eterna cuestión. ¿Productos americanos o japoneses? ¿Cuáles eran mejores? Esta situación, sorprendente para mí, se notaba que era auténticamente normal y genuina para todos ellos. La primera pregunta que me hicieron al llegar fue la siguiente:

"¿Jouse, cuántas cervezas bebes tú al día?"
"¿Qué?", respondí sin entender del todo.

"Sí, has oído bien: cerveza, ¿cuánta?".
" Pueeeesss, el caso es que yo no bebo cerveza".
"¿Cómo?", exclamaron todos al unísono.
"¿Pues, qué bebes? ¿Bourbon, tequila...?".
"No, no, nada de eso. Agua o bebidas isotónicas, quizás té helado".
"¡Hey, Mike! ¿Pero qué clase de gente nos has traído? ¿De dónde dices que es este tío?"
"No pasa nada, muchachos, es que no os ha entendido bien", intercedió Mike, pasando su enorme brazo por encima de mis hombros, mientras, en voz baja, me susurraba que pidiera un par de cajas para no levantar suspicacias.

El Centro

Tras esta divertida anécdota por fin nos pusimos en marcha en dirección hacia El Centro. Allí, además de encontrarnos con el resto de la expedición, visitaríamos la oficina que gestiona las SVRA (State Vehicular Recreational Área) cercanos. Tres son las opciones a elegir: Plaster City, Superstition Mountain o, la más conocida, Imperial Dunes. Según me comentó Mike seguiríamos ese mismo orden para pasar el fin de semana. Iremos primero a Plaster, luego a Superstition y por último a las dunas imperiales de Glamis.
Oceano Dune: disfruta de las dunas en California

"Eso está muy bien, Mike, pero ¿con qué vehículos vamos a montar? No será con estas pick up, ¿verdad?". "Ya lo verás cuando lleguemos", me respondió con una gran sonrisa.
Y sí que lo vi, desde luego. Llegamos tras un par de horas de viaje y efectivamente, nos estaban esperando con todo listo unas veinte personas. A su lado había todo tipo de vehículos: enormes caravanas, espectaculares quads, motos por doquier y algún que otro buggy salvaje. Ni siquiera paramos a saludar. Todos tenían ganas de llegar para empezar a disfrutar de la arena. Sin embargo, el plan había cambiado. Primero nos dirigimos a Glamis. Se ve que había unos amigos por allí y les apetecía encontrarse con ellos.

Totalmente increíble

A buen seguro que no podré transmitiros exactamente mi primera sensación al llegar a las archiconocidas dunas Imperiales de Glamis. Imaginaos una vasta extensión de desierto con un enorme cordón de dunas al fondo. Dunas de altura impresionante, dunas que albergan a miles de aficionados que vienen a pasar el fin de semana con sus amigos. Normalmente cuando llegan allí, eligen una zona y hacen un minipoblado con las caravanas y pick up, al estilo de las viejas expediciones de colonos que atravesaban Estados Unidos de Este a Oeste. Luego, mientras unos ponen a punto sus máquinas, otros se encargan de que la comida y la bebida estén listas para todos. También es normal que cada grupo cuelgue la bandera de su club para poder identificar rápidamente su campamento cuando vuelven de montar durante horas.

Fue precisamente al alzar la nuestra, una bandera negra con sables plateados, cuando apareció un grupo de cuatro buggies a toda velocidad llegados de la nada. Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que el conocido Bruce Meyers, creador de los primeros buggies para dunas del mundo, era el que capitaneaba el grupo de visitantes.

"¿Qué hay, Mike? ¿Cómo te va la vida?", dijo Bruce Meyers.
"Todo bien, amigo mío. Mira, te quiero presentar a un colega que ha venido desde España?" ¿Sueño o realidad? De repente, empiezo a oír una alarma que no sé muy bien de dónde llega.
"Escucha, ¿oyes eso? Es insoportable".
"Escuchar qué, Chema ¿Te refieres al inconfundible bramido de los motores boxer de los Meyers Manx?". "No, no, es como un timbre".
"¡Ah!, Entonces es que ha llegado tu hora. Volveremos a vernos. Bye."
"¿Cómo? ¿Qué dices? ¿Dónde vas?", preguntaba alocadamente, mientras todo se desvanecía entre niebla. Entonces fue cuando me desperté. En mi cama, en mi casa. Sin arena alrededor, ni espectaculares buggies, ni montañas de cerveza que me persiguieran. Dicen que los sueños expresan cosas que deseas realizar en tu vida, y en este caso no hay duda: me quiero ir a montar a las dunas californianas con Mike y mis amigos... ¿Otra vez?

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