Transpirenáica Yamaha 2010 

Aventura en estado puro

23.07.2010 | 17:52

Lo prometido es deuda y el Club Terra ATV Yamaha se ha lanzado a recuperar esas rutas míticas que se perdieron en el tiempo por diversos motivos. La primera de ellas ha sido la Transpirenáica, conocida por la belleza de sus paisajes de hadas aderezados con unas condiciones meteorológicas nada favorables en forma de lluvia o de nieve.

El día antes de que comenzase nuestra ruta ya estábamos alojados en el hotel Llanfranch (Girona). -Rambo-, su dueño, es un forofo del off-road y cuando se enteró de que íbamos a recuperar la ruta mítica de la Transpirenáica no pudo más que alegrarse.

Para él es una de las excursiones más bonitas que ha realizado y eso que ya lleva muchos kilómetros cumulados por los montes de Empordá y por Marruecos.

Junto recordamos antiguas ediciones de la que antes llamábamos -La Dos Mares- y su también conocido -cóctel Rambo- que nos preparaba en la fiesta previa a su comienzo.

Menos mal que la primera etapa no era muy larga porque más de uno se levantaba con resaca.

Ahora que la hemos recuperado, nos damos cuenta de que todo lo que hablamos con -Rambo- se ha repetido, a pesar de que ya han pasado varios años desde su última edición.

Los tres de mosqueteros, faltaba D-Artagnan.


Nada más salir de Llafranch conducimos nuestros ATV por las montañas de -Las Gabarras-. Los árboles caídos después de las nevadas nos obligaron a movernos pos pistas principales que tienen menos encanto.

Cuando ya empezábamos a acusar cansancio, llegamos a la finca de nuestro amigo Narcis Casas, que con su suculenta comida, nos dio energía de sobra para abordar los 25 kilómetros que nos quedaban hasta Mieres.

Lo que parecía un tramo breve, se complicó más de lo normal debido a una larga trialera de bajada. Dormimos en casa de Christoph del Bondio, un personaje peculiar y experto en viajes de aventura.
Durante la primera etapa fueron continuos los largos charcos.


Como llegamos con tiempo, aprovechó para enseñarnos el lujoso camión que utiliza para sus selectos viajes por del desierto.

La siguiente etapa a la que nos enfrentamos parecía mucho más dura y, desde luego, es una de las más largas.

Contábamos con que nos encontraríamos con la nieve, pero no fue así. En su lugar, las pistas estaban llenas de charcos y de barro. Esta zona volcánica de la Garrotxa está formada por pequeños caminos con vallas para el ganado.

Comimos en Castell de L-Areny antes de afrontar unos 100 kilómetros en los que pasaríamos por el espectacular Pedraforca hasta La Seu d-Urgell para subir a Andorra por La Rabasa.

En la cota 1.800 de Andorra, donde dormíamos, la temperatura no era tan cálida y la nieve hizo acto de presencia. Precisamente, la nieve complicó mucho nuestra siguiente etapa.

Salimos por Civis hacia la Ermita de Santa Magdalena, un lugar maravilloso que todos deberíamos visitar alguna vez en la vida.

En este punto hicimos una breve parada para reagruparnos antes de salir escalonadamente dirección Tirvia.


En la Villa de Pintano hay una pequeña hospedería en la que se come de fábula. Fue una de las paradas más recordadas.
Aunque los más osados intentaron sin éxito pasar por la cara norte remontando un par de grandes lenguas de nieve, no había otra alternativa.

Decidimos intentarlo por Llessuí hacia Spot, pero tampoco hubo forma posible.

Finalmente, realizamos un pequeño picnic a casi 200 metros de altura y el buen tiempo que hacía hasta permitió a los más perezosos disfrutar de una pequeña cabezadita al aire libre.

Aún había que terminar esta etapa, aunque a Castejón de Sos sólo llegó el primer grupo.

El resto tardaría porque uno de nuestro compañeros de ruta arrancó el brazo de suspensión del Rhino y no tuvo más remedio que esperar a que alguien le remolcara.

El Mitsubishi de asistencia se demoró bastante y allí mismo, Jepi el mecánico de 4XQuad empezó a desmontar las piezas.

Al final lograron hacer unos cuantos kilómetros a tres ruedas hasta alcanzar la carretera. ¡Qué tíos! Fue un día duro porque hasta las once de la noche no se presentaron en el hotel.

Una parada en el camino. Las montañas nevadas amenazaban con cortarnos el paso.
La cuarta etapa de esta Transpirenáica se nos antojaba más sencilla y el recorrido parecía fácil.

Avanzamos por los rotos y pedregosos caminos que salen de Seira y llegan a San Juan de Plan. Desde allí, por el Sur del Parque Nacional de Ordesa, pudimos llegar hasta el Cañón de Añisclo.

Las curvas que serpentean el interior del cañón son de asfalto estrecho. El agua fluía salvaje a pocos metros de nosotros.

Circulábamos despacio sin parar de hacer fotos. Llegamos a Sabiñánigo, donde un buen hotel con piscina y spa nos esperaba. También nos lo merecíamos.

Esperando para tomar la salida en Llanfranch. La plaza del pequeño pueblo de la Costa Brava se tiñó de Yamaha.

La etapa hasta Pintano era más seca, de pre-pirineo, con largos caminos que recorren el río Gallego hasta enlazar con senderos sin casi un metro de asfalto.

Visitamos los Mayos de Riglos, Agüero y Ayerbe y comimos en un alto mirador con docenas de buitres volando a la altura de nuestros ojos.

Después, por la tarde, un camino con mala fortuna hizo que un Grizzly se despeñara por un barranco.

La ruta precisaba atención y muy baja velocidad. Aunque las dos cosas no fueron suficientes para que un ATV pisara una piedra demasiado grande. A Miguel le dio tiempo a saltar, pero el rescate fue de película, a base de cabrestantes y tacto con el gas.

-Una piedra en el camino-. Esto es lo que se encontró el conductor de este Rhino.
La llegada a Pintano se hizo larga. Suerte que el vino en la terraza de la hospedería y la buena cena nos hicieron olvidar esta parte de nuestra aventura.

La última etapa fue de las más bellas con sus bosques de hayas, ríos y lagos.

El barranco de Vidangoz, el Valle del Roncal, el bosque Irati, el Col de Ibaneta, Errazu. Todos ellos parajes inolvidables.

Después de Orbaizata, el track nos llevaba por una zona de trial que nos conducía a una espléndida cima en la que nos entretuvimos un poco más de la cuenta.

Por eso, cuando bajamos a Vera de Bidasoa ya era tarde y no tuvimos más remedio que enlazar por carretera.

La Ermita de Santa Magdalena es un lugar emblemático y muy visitado en las Transpirenáicas. Siempre hay una foto recordatorio.

Desde aquí queremos aprovechar para dar las gracias a los 17 participantes, ya amigos después de esta Transpirenáica 2010 que terminó en la playa de Hondarribia.

La próxima aventura que recuperará este ATV Club Terra Yamaha se realizará en Rumanía. Os mantendremos informados.

-Los Mayos-, esta immensa masa de piedra de formas caprichosas nos sirvió de decorado junto con el pueblo de Agüero, uno de los más bonitos de nuestra ruta.


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